AGUA LIMPIA, AGUA PARA TODOS
La
importancia del agua para los seres humanos es tan evidente que constituye casi
las dos terceras partes del peso del cuerpo y está presente en todos los
tejidos corporales y en los órganos vitales. Somos agua desde siempre y no
existe la vida sin el agua. Todos los seres vivos somos más agua que otra cosa.
Es así que
este recurso es como la sangre de la madre tierra, es la fuente que da y genera
vida. El agua es vida, es ambiente, es sociedad y por ello debemos considerar
su verdadero valor, por un lado, como derecho humano fundamental, como elemento
de la sustentación ecológica, como elemento de la cultura de nuestros pueblos y
como elemento productivo.

El agua es
probablemente el único recurso natural que se halla presente en todos los
aspectos de la civilización humana, del desarrollo agrícola e industrial hasta
los valores culturales y religiosos inscritos en la sociedad. Desde la historia
de la humanidad, la necesidad y demanda de agua han sido una de las fuerzas
motrices en los planos de la salud, la organización social, la prosperidad
económica, la trascendencia cultural y el desarrollo. Las diferencias
culturales determinan en gran medida cómo se percibe, valora y gestiona el agua
en las distintas sociedades.
Dado que
el agua es vida podemos decir, "no hay vida sin agua" la existencia
de todo grupo humano o sociedad significa la existencia de una cultura de agua
determinada. Al ser un elemento vital, involucra a todos los miembros de la
sociedad, y su uso es el resultado de experiencias seleccionadas social e
históricamente, lo que implica, además, la transmisión de conocimientos. No hay
sociedad ni grupo social, sin un nivel o grado de cultura de agua. Las
prácticas en la gestión de los recursos hídricos deberían adaptarse a las
distintas culturas, pues cada una de ellas constituye un sistema particular de
conocimientos y funcionamiento.

Por ello
en las últimas décadas, estamos asistiendo a un crecimiento explosivo del
consumo del agua llevando a afrontar la escasez de agua dulce requiere
solucionar una serie de cuestiones que van desde la protección del medio
ambiente y la interrupción del calentamiento global hasta un reparto equitativo
del agua. Ello significa que no solamente el sector agrícola, sino todo el
mundo, organismos internacionales, comunidades locales, gobiernos, etc., deben
compartir la responsabilidad.
A pesar de
su importancia y vitalidad existe una crisis de agua, en donde la gestión y
administración de este recurso la ha llevado a su límite, esto ha generado una cultura
del agua, que, si bien es cierto, tiene cierta relevancia, se sigue percibiendo
como un componente más de los proyectos y programas. Esta crisis no es una
crisis más que se resuelva con más mercado y más tecnología. Con más controles
o más participación. Por el contrario, enfrenta a la sociedad a un cambio.

Esta cultura
del agua es percibida como un proceso de reproducción y transformación de
creencias, percepciones, conocimientos, valores, actitudes y comportamientos
individuales o colectivos en relación al agua en sus diversos usos y orienta a
lograr que la población adquiera una mayor conciencia sobre el valor
(económico, social y ambiental) e importancia de este recurso.
Es aquí
donde entra a tallar el gobierno que también es responsable hasta cierto punto,
porque se han dado muchos casos en donde no se cumplen las normas que están en
la constitución por diversos motivos, podríamos mencionar que es a causa de la
corrupción, falta de atención en estas reglas, etc. A pesar de ello existe una
entidad que poco a poco está realizando campañas de concientización y responsabilidad;
SEDALID, es una empresa pública de derecho privado, constituida tras la
promulgación del Decreto Ley N° 25973, en Servicio de Agua Potable y
Alcantarillado de municipalidades provinciales, a la vez que abastece de agua
que este apta para el consumo humano y disposición final de aguas residuales.
Pero lo más resaltante, es que esta entidad promueve la cultura del agua,
desarrollando diversas actividades en donde sensibiliza a la población de su uso
racional, mediante la difusión de buenos hábitos de consumo.
La cultura
del agua nos informa que debemos tener un mejor cuidado, ya que es un recurso
imprescindible para el ser humano por tal motivo tenemos que tener un mejor
cuidado tratamiento y distribución de ella, eso quiere decir no malgastar ni
desperdiciar excesivamente nuestro recurso natural. La toma de decisiones sobre
el agua es un acto que va más allá de los partidismos políticos, es por
naturaleza democrática y fluida. Y por tanto es sagrada como la vida.
Escuchamos a un vecino: “a nadie se le niega un vaso de agua”. Desde esa
sabiduría tan simple nos está diciendo: nadie tiene el derecho de quitarnos el
agua. Por tanto, debemos enarbolar este derecho y sostenerlo en la toma de
decisiones.
En
conclusión, nuestro país requiere una nueva cultura del agua, es decir, una
nueva base ética fundada en un cambio en nuestra escala de valores que
contemple el valor social, ambiental y económico del agua y nuevos principios
éticos en su uso responsable y eficiente. Nuestros ríos y lagos sólo pueden
vivir limpios y con agua suficiente si cuentan con nosotros para su cuidado y
conservación. La cultura del agua es una tarea y responsabilidad de todos. Pero
si se desea cambiar una cultura del agua por otra, es necesario reestructurar
los modos de percibir, de creer, de conocer, de organizarse, de vivir y de
proyectar un futuro común. Esta idea implica un impacto que va mucho más allá
del manejo del agua en una comunidad: impacta en toda la cultura, implica
transformar los modos de pensar, sentir, actuar y desarrollarse; es aquí donde
entra la comunicación y los medios que cumplen un rol muy importante, pues
ayudan a impulsar temas tan delicados como lo es el cuidado del agua,
contribuyendo al cambio del comportamiento individual y al cambio social en
base del dialogo.

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